La ciudad ya no puede ser un lugar pensado desde las reglas, sino un espacio vivido desde los principios.
Ya han pasado muchos años desde que se ha podido constatar el fracaso de planificar las ciudades a medio y largo plazo. Quizás este sistema fuera pertinente a principios del siglo XIX donde todavía se podía planificar atendiendo a curvas de crecimientos predecibles y comportamientos sociales estables. Hoy a principios del siglo XXI está ya claro que crear regulaciones es tan absurdo como pensar que lo que hoy es válido lo será también pasado mañana. La ciudad depende en mayor medida del comportamiento y el uso del entramado urbano que de la constitución física específica de cada calle, cada acera, cada edificio. Naturalmente hay secciones de calle que restringen un comportamiento “urbano” o malbaratan una lógica de lo “común” y en cambio otros dispositivos urbanos favorecen el desarrollo de la identidad (tanto individual como compartida) o ayudan al florecimiento de acontecimientos urbanos que establecen vínculos emocionales con sus habitantes.
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Texto de Miquel Lacasta, Coordinador del Master Programme Relational Barcelona. Other ways to conceive the plural city
